4 de febrero de 2011

Con alcohol, por favor.

Una noche inesperada. Comienza con cansancio físico mental, en el asiento más cómodo del salón de la pareja piruleta. Bueno, para ser exactos comienza en el gran hueco que deja una furgoneta para aparcar. Madrid, viernes por la noche, Alonso Cano. Las posibilidades de encontrar sitio son escasas y no cabemos uno, sino dos coches. Sorprendidos, los conductores, comentamos la jugada. Un poco más arriba está la fiestecilla, de estas donde se mezcla gente de grupos dispares. Y yo, como decía, encuentro la típica butaca anatómica del ikea, la más cómoda del salón. Allí me instalo pensando que igual debería irme a casa a meterme en la cama. Pero le doy una oportunidad al momento y entablo conversaciones interesantes con quien quiera que se acerque, porque de ahí no me muevo. Tómate una copa, no que estoy muy cansada. Seguimos hablando. Venga tómate una copilla. Que no de verdad, que no me apetece. Los mojitos, caseros, vienen y van. Cambio de persona, cambio de tema, que si esto, que si lo otro, que si me voy a la cocina a servirme algo, ¿quieres? no gracias, no me apetece. ¿Por qué será que la gente se empeña en que beba? Venga tonta, tomate algo. Venga vale, pásate un mojito de esos. No me cuesta mucho cambiar de opinión. Y con azúcar entra sólo. Total, qué más da, es viernes. Así que después de un rato el vaso se vacía y como que me falta algo. ¿Me pones otro mojito, porfi? Voy a dormir como una reina. ¿Pero no te vienes a tomar algo por ahí? que va que va, de aquí a casita, que la tengo al lado.
La princesa piruleta decide que la fiesta se ha acabado, todos a la puta calle ya, que acabamos de mudarnos y no quiero molestar a los vecinos. Pues nada, ya nos vemos otro día. Pero, ¿de verdad no te vienes a tomar algo por ahí? que no de verdad, que me apetece irme a casa. Venga una copilla, si estás animada. La verdad es que me encuentro mucho mejor que cuando llegué, pero no, me voy a casa. ¿Seguro? Venga vale, me apunto. Como decía, fácil de convencer. Pero por aquí cerca. ¿Y donde vamos? no sé, a ver que hay, esta zona parece animadilla. "Bar de copas", cartel en la puerta. Pues aquí mismo. Joder, qué acierto, se está de lujo. Encima nos reciben con un chupito de gelatina de gin tonic. Cuando me quiero dar cuenta estoy con una copa en la mano bailando con los colegas con una sonrisa de oreja a oreja. ¿Y yo por qué no quería salir? Un bailecillo, bien pegaditos, otro bailecillo, más sueltecitos, un cigarrito en la puerta, una birra... Ahora la propuesta de otra amiga es la contraria, ¿nos vamos ya a casa? que mañana tengo que trabajar. Pobrecilla, yo no. Pero bueno, ya he salido, me lo he pasado bien, son casi las cuatro, vale, vámonos. Bueno, espera, ska-p, "este es mi sitio, esta es mi gente, somos obreros, la clase prefereeeeeeeeente" siempre me ha dado buen rollo. "Saco un papelillo me preparo un cigarrillo y una china pa un canuto de hachís, HACHÍS". Venga vámonos.
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¿Y qué tiene esto de inspiración erótica? Pues lo que digo, una noche inesperada. Cuando llegamos al coche hay una nota en el retrovisor. "Si te apetece tomar algo un día de estos llámame, Victor" y su teléfono. ¿Quién es Victor? ni idea, ¿el conductor del otro coche?...
No sé, pero me gusta la gente atrevida. No es erotismo puro, pero da pie a la fantasía, ¿no?
Bueno, conduces tú, que yo, al final, he bebido.

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